Posteado por: jarmandolopez | septiembre 15, 2011

El nombre de Venezuela y la venezolanidad

El mapa de Juan de la Cosa fue elaborado en Sinamaica en 1499 y completado en España en 1500. En él se aprecia la imagen de San Cristóbal con una referencia del autor que dice: “Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Santa María en el año de 1500”. La autenticidad del mapa fue establecida en 1987 por el “Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado” y en la actualidad se puede admirar en el Museo Naval de Madrid. Es por tanto el documento más antiguo del Nuevo Mundo y en él se menciona el nombre de un caserío llamado Veneciuela, que es el más probable antecedente del nombre de nuestro país.
De la Cosa nació en 1450 (c.) en Cantabria y murió en la actual Colombia en 1509, en un enfrentamiento contra los indios guajiros. Tuvo un papel destacado como maestre en la nao Santa María, que condujo a Colón y sus hombres al Nuevo Mundo en 1492. Un año después participó en el segundo viaje y en 1499 se asoció con Alonso de Ojeda para efectuar una expedición hacia las tierras descubiertas, a la que se unió Américo Vespucio. Llegaron al territorio de Sinamaica el 24 de agos-to de 1499, causando una lógica intranquilidad en los paraujanos, pues los recién llegados eran gente de piel blanca y ojos claros, que hablaban en un lenguaje incomprensible.
Ojeda era un experimentado navegante y hombre de empresa, que probó su valor, don de gentes y generosidad en el tiempo en que le tocó actuar en el territorio del nuevo Mundo. Él y sus hombres se integraron rápidamente a las costumbres de los paraujanos y mostraron admiración por sus elementos culturales, especialmente por sus acogedores palafitos y la contagiosa música que interpretaban con sus flautas y maracas, mientras bailaban una danza a la que llamaban “areito”, vestidos con guayucos y adornados con hermosas plumas multicolores que colocaban en sus lacias cabelleras.
Juan de la Cosa era un cartógrafo originario de Cantabria, en tanto que Vespucio provenía de Florencia, Italia, donde ejercía la profesión de geógrafo. Ambos comenzaron a averiguar el nombre de los lugares por los que pasaban y así fueron determinando la toponimia y adaptándola a la fonética castellana: Maarekaye, Coquivacoa, Veneciuela. El primero le dio el nombre al lago y a la ciudad de Maracaibo, el segundo sigue conservándose en Colombia y el tercero es el nombre que se le daría al país, el cual se derivó del que tenía el pequeño caserío ubicado frente al lago y que en idioma añú significa agua grande.
Se ha repetido mucho que el nombre de nuestro país se debe al parecido que estos visitantes le encontraron a los palafitos con las viviendas de la ciudad de Venecia, aunque la sola idea es absurda. La única similitud entre ambos poblados es que algunas casas venecianas están construidas sobre el agua, aun cuando sus arquitecturas son absolutamente disímiles. La verdad hay que encontrarla en la Suma de Geographía, original de Martín Fernández de Enciso, que fue el primer libro impreso en el que se habla del Nuevo Mundo y que recibió el privilegio del Rey Carlos I el 5 de septiembre de 1518, siendo editado en Sevilla un año después. Fernández de Enciso conoció a de La Cosa y Alonso de Ojeda en 1502 y viajó con ellos hasta 1509, recorriendo el Lago de Maracaibo de punta a punta. En su obra refiere que “…cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima della está en un lugar o casas de indios que se llama Veneciuela”.
El nombre Veneciuela aparece impreso por primera vez en el Mapamundi de Juan de La Cosa (1500) y fue escrito de acuerdo a su fonética. A este aspecto se refirió el padre Giovanni Botero a fines del siglo XVI en su obra Relaciones Universales del Mundo y en 1629 el padre Antonio Vásquez de Espinosa publicó su libro Compendio y Descripción de las Indias Occidentales, en la cual coincide en señalar que el nombre tiene un origen añú. En los documentos que dejó Vespucio no aparece nunca la aseveración de que él la llamó Venezziola, vocablo que resulta extraño en lengua italiana. Un italiano nunca usaría ese término. Una expresión más común sería la de Piccola Venezia cuya traducción es Pequeña Venecia y nunca Venezuela. Por lo tanto, toda la documentación conduce a la conclusión de que el nombre de nuestro país se origina en la lengua de los paraujanos (familia arawac) y quiere decir agua grande.
Sobre este aspecto es necesario destacar que la costumbre de los conquistadores era usar los nombres que los locales le daban a los lugares que habitaban, a los que adaptaban fonéticamente de acuerdo a las normas del idioma castellano. Ejemplo de ello se puede constatar en los nombres que le dieron a Barquisimeto (Variciquimeto), Caracas (Caraca), Mar Caribe (Caribe), Teques (Teque), La Guaira (Uaira), Maracay, Capacho, Lobatera y tantos otros. Sólo usaban nombre hispánicos cuando fundaban un nuevo poblado (Mérida, San Cristóbal, Angostura).
Lo más importante de este suceso es sin duda la integración cultural, que se inició en el territorio de lo que hoy es Venezuela desde el momento en que Colón llegó a Macuro el 3 de agosto de 1498, de lo que dejó constancia en la carta informe que le envió a la reina Isabel, en la que le decía que encontró “las tierras más fermosas del mundo…Llegué allí una mañana, antes del mediodía, y por ver este verdor y esta fermosura acordé fondear y ver los pobladores, de los cuales algunos vinieron en canoa a rogarme, de parte de su rey, que descendiera a tierra…”. El Almirante encontró todo placentero, le agradó la gente y le gustó tanto el paisaje que llegó a pensar que se encontraba en el paraíso: …Al lago que hallé, tan grande que más se le puede llamar mar que lago, porque lago es lugar de agua y en siendo grande se le llama mar, por lo que se llama de esta manera el de Galilea y el Mar Muerto. Y digo que si esto no procede del Paraíso Terrenal, viene y procede de tierra infinita…más yo muy asentado tengo en mi ánima que allí en donde dije tierra de gracia se halla el Paraíso Terrenal…”.
El proceso de transculturación que se vivió en este territorio dio origen a nuestro mestizaje, al que se refiere ampliamente Bolívar en su Carta de Jamaica (1815). La tradición mestiza de la región zuliana es sin duda las más antigua que existe en el país, en la que se observan elementos arawacos, ibéricos y africanos. La música con que bailaban el “areito” se convirtió en gaita, mientras que en la región de Bobures surgió un estilo musical para animar el “Baile de San Benito”. En el Zulia están los orígenes más profundos de nuestro mestizaje. Es el corazón mismo de la venezolanidad.
Muy cerca está Paraguaná, península de gran hermosura, visitada por Alonso de Ojeda en agosto de 1499, donde se encontró con los amistosos caquetíos, que se ocupaban de comerciar con las vecinas islas del Caribe. Ojeda se quedó tan prendado de esa tierra, así como de sus costumbres, que allí conoció a la india Guariyá, de la que se enamoró y con la que más tarde se casó, una vez que ella aceptó recibir el bautismo y cambiar su nombre por el de Isabel. De esa unión nacieron tres hijos, que Ojeda llevó a España junto con su esposa para darlos a conocer a sus familiares y a la Corte. Fue sin duda un gran amor. Se quisieron tanto que Isabel no quiso vivir más cuando se produjo el fallecimiento de Ojeda en Santo Domingo y, sin que sus hijos lo supieran, se fue al cementerio y se acostó sobre su tumba, donde fue hallada muerta a los pocos días. Allí reposan los restos de esos dos grandes amantes, que dieron inicio a la integración étnica que hoy predomina en nuestro país.
Poco tiempo después de la muerte de Alonso de Ojeda y de su amada Isabel, el rey Carlos I emitió una real cédula el 27 de marzo de 1528, mediante la cual declaraba constituida la Provincia de Venezuela en el territorio que se encuentra entre “…el Cabo de La Vela o del fin de los límites y términos de la dicha Gobernación de Santa Marta hasta Maracapana, leste oeste norte y sur de la una mar a la otra, con todas las islas que están la dicha costa, ecebtadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Ampíes”. Es decir, dio el nombre de Venezuela a la nueva provincia española, cuyo territorio comenzaba muy cerca del antiguo caserío Veneciuela y que terminaba en la bahía de Pozuelos. Coro, la tierra del cacique Manaure, sirvió de capital a la Provincia de Venezuela, dando origen a la venezolanidad.
Fernández de Enciso tuvo la oportunidad de visitar Veneciuela en 1502, lo que le sirvió de base para publicar su libro. Fue el único que estaba vivo en el momento en que Carlos I decretó la creación de la Provincia de Venezuela en 1528. De la Cosa fue asesinado por los indios en 1509, Vespucio murió en Sevilla en 1512 y Ojeda en Santo Domingo en 1516. Fernández de Enciso estaba cerca del rey y fue seguramente quien influyó en el nombre que el monarca le dio a la nueva provincia.
Juan Botero, que también viajó por el lago de Maracaibo y la costa caribeña escribió en su libro Relaciones Universales del Mundo (1629) que “En el golfo de Venezuela hay una población de indios con ese nombre edificada en un peñasco essempto y relevado que se muestra sobre las aguas”. En ambos casos los cronistas dicen que existe un poblado indígena llamado Veneciuela. Finalmente, en un enunciado muy valioso, que reafirma la autoctonía del vocablo, Antonio Vázquez de Espinosa, sacerdote español que viajó por casi todo el continente en el último tercio del “Cinquecento”, escribió en su Compendio y descripción de las Indias Occidentales, fechado en 1629, lo siguiente: “Venezuela en la lengua natural de aquella tierra quiere decir agua grande, por la gran laguna de Maracaibo que tiene en su distrito, como quien dice, la Provincia de la grande laguna…”.
Esta versión es históricamente demostrable, además de consistente con la política que al respecto seguían los conquistadores para bautizar los lugares descubiertos o fundados. Lo de pequeña Venecia, en cambio, es una tesis peregrina, surgida de comentarios intrascendentes que Vespucio le escribió a su paisano florentino Lorenzo de Medicis, uno de sus protectores, en una carta fechada en Sevilla el 18 de julio de 1500. Por lo tanto, se debe concluir que el topónimo Venezuela es autóctono y sobre eso no debería haber ninguna duda.


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