Posteado por: jarmandolopez | mayo 21, 2011

Errores Comunes en el Matrimonio

Parte I

Vamos a mencionar algunos de los errores más comunes en el matrimonio:
Primer Error: Confundir el amor con el sexo. El sexo es un medio de expresar amor, del que se sirve la pareja; pero no es el único medio. Ayuda a la complementación, a la identificación y está dirigido a la procreación. Es sólo una parte del amor. El amor supera al sexo. El amor es entrega, donación, identificación, compartir ideales y metas; es perdonarse y comprenderse. El amor es mucho más que el sexo. Se piensa que el sexo es la única manera de expresar el amor y no es cierto. El sexo es parte del matrimonio. Dentro de él es santo, fuera del matrimonio es pecado. Si la pareja tiene problemas en este aspecto, deben consultar a un médico, a un psicólogo, a un consejero matrimonial o a un sacerdote. Nunca se debe pensar que si hay problemas en el sexo, ya se acabó el amor.
Segundo Error: Querer hacer a la otra persona a la medida de uno. Somos seres irrepetibles, únicos y nadie puede hacer al otro a su propia medida. Se empobrece y se atropella la dignidad del cónyuge cuando se quiere que éste piense, actúe y haga todo lo que él hace.
En el matrimonio la complementación es una de las grandes riquezas e implica diversidad. Gracias a que somos diferentes, la pareja puede complementarse. Hay que respetar y promover el desarrollo integral en su cónyuge. Cada uno debe descubrir que el otro es diferente y que tiene valores y cualidades increíbles. Pero cuando se quiere hacer al otro igual en todo, se pierde la riqueza de esa identificación.
Tercer Error: No saber perdonar. Para perdonar hay que amar mucho, hay que comprender mucho, hay que saber que la otra persona no es un Dios, es un simple ser humano, que puede cometer fallos.
Existen personas casadas que se guardan resentimientos durante 10, 15, 20 años y cuando están discutiendo, sacan a relucir aquello que sucedió hace mucho tiempo. Esto es muy triste, pues no se han perdonado y hay que saber perdonar para poder convivir como seres humanos. Si no perdonamos, definitivamente, es que no amamos en plenitud. Lógicamente para perdonar hay que estar muy cerca de Dios. Con el amor de Dios, usted puede hacerlo; sin el amor de Dios es imposible .
Dentro de este mismo punto de no saber perdonar, hay otro error y es el de no saber pedir perdón. Para pedir perdón hay que ser humildes. De hecho, existe mucha soberbia y orgullo en los matrimonios y en muchas personas que no quieren reconocer que han cometido un error. Saben que hicieron daño, pero no se han despojado de su orgullo y su soberbia. Hay que aprender a pedir perdón cuando se ha fallado.
Este tercer error de no saber pedir perdón es muy común. Si éste es su caso, en este Mensaje al Corazón queremos decirle: Ya es tiempo de cambiar. Aprenda a perdonar. Perdonar implica olvidar y olvidar es enterrar el pasado y seguir adelante. Sepa que no hay reconciliación sin perdón, que la brecha se hace más grande cuando definitivamente no se perdona. Aprenda a perdonar y a pedir perdón.
Cuarto Error: No saber dialogar. ¡Rompa ese silencio sepulcral! En muchas casas hay auténticas tumbas; tumbas que conviven juntas, que se sientan a comer y no se comunican, no dialogan y cuando hablan es a gritos. ¡Qué tristeza! ¡Esto es terrible! Hay que dialogar y para eso, hay que ser muy sinceros y aprender a escucharse. Así, en la medida en que se comunican y saben escucharse, se van identificando el uno con el otro; se van haciendo en verdad una sola carne. Si éste es su caso, vamos a romper esta terrible barrera que se ha formado en su matrimonio. Aprenda a comunicarse, a decir las cosas con auténtica sinceridad, con delicadeza, con amor.
Usted puede cambiar, usted puede ser mejor en este aspecto. Tal vez estamos salvando su matrimonio, su relación familiar; estamos salvándolo a usted si aprende a dialogar más, a convivir más, a amarse más. Y no se olvide que con el Señor todo lo podemos, PORQUE CON ÉL, ¡SOMOS INVENCIBLES!
Parte II

El matrimonio está en crisis, porque no hay amor auténtico, porque no hay madurez humana. Crisis, porque dentro de muchas casas se ha ido perdiendo la presencia y el amor de Dios.
“Y serán una sola carne”. La voluntad de Dios es que la pareja cristiana sea una sola carne, que se unan en auténtico amor, que sean fieles, que se amen, que se perdonen, que se quieran. Los primeros beneficiados son ellos dos, después los hijos, luego la Iglesia y la comunidad social, porque la familia es la base de la sociedad y también la base de la Iglesia.
Cada hombre y mujer a los que Dios unió en matrimonio, deben esforzarse día a día para ser mejores. Deben comprender que si Dios los unió, Él les pedirá cuentas al final de los tiempos de cómo fue su unión matrimonial; que si Dios los unió, al final de la historia en el juicio final, les va a exigir mucho. El matrimonio cristiano es una gran responsabilidad.
Existen errores muy comunes en el matrimonio que hay que ir eliminando lenta y progresivamente, pero con fuerza y vigor. Mencionaremos los más comunes:
1.- No tener tiempo para estar a solas. Esto es algo fundamental. La pareja debe tener tiempo para ella misma, tiempo para dialogar, para estar el uno con el otro. Les aconsejamos que de vez en cuando salgan a pasear solos. Que en su recámara no duerman los niños; primero, porque la pareja tiene derecho a la privacidad; segundo, porque van mal acostumbrando a las criaturas, haciéndolas muy dependientes de ellos. Aprenda a reservar un tiempo para su marido o esposa. Es recomendable que por lo menos dos o tres veces al año la pareja salga un fin de semana juntos a pasear.
2.- Contar sus cosas íntimas a todo el mundo. ¡Esto es un terrible error! La gente no está preparada para escuchar sus cosas íntimas. Los problemas íntimos deben ser consultados al médico, al psicólogo, al consejero matrimonial, al sacerdote o a alguna persona preparada y cristiana que reúna garantías de seriedad. Y en este mismo punto, otro error terrible que se da en muchos matrimonios es meter a la familia o a los amigos en sus problemas conyugales, cuando la Palabra de Dios dice: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y serán una sola carne”. La pareja tiene derecho a la intimidad. Si tienen que convivir en la misma casa, que sea con mucho respeto, que exista como una especie de frontera. No hay derecho a que los papás se metan en la vida de los esposos. Es diferente cuando uno de los dos, de mutuo acuerdo, pide consejo a los padres.
3.- Criticar constantemente a su cónyuge. Cuando va a criticar, medite cómo lo va a hacer. Hágalo, pero con amor, para corregir, para hacerlo mejor. No para hundirlo. Si usted lo ama, aprenda a alabar sus virtudes y cualidades y no se dedique sólo a criticar.
4.- Olvidarse de Dios. Error que se da en muchos matrimonios. Esto implica la ruina matrimonial. Cuando en la casa no se reza, no se ora, cuando no hay una relación profunda con Dios, cuando no hay un amor auténtico a Dios, cuando no se va a la Eucaristía, cuando no hay bendición de los alimentos, cuando no hay nada, cuando Dios no aparece en la casa, el matrimonio va a la ruina. ¿Por qué? Porque humanamente no se puede amar con amor de permanencia; porque humanamente no se puede ser fiel, humanamente no se puede perdonar, humanamente no se puede comprender o ceder. Solamente con el amor de Dios se puede llevar la fidelidad adelante, la comprensión y el perdón. Solamente con Dios usted puede hacer feliz a su cónyuge; sólo con el amor de Dios dentro de usted, dentro de su hogar.
Donde hay una familia auténticamente cristiana, donde se respira el amor, hay como un núcleo, como un rayo de luz que ilumina el ambiente; porque esa familia es como levadura en la masa que va ayudando y enriqueciendo a la comunidad.
Cada uno de nosotros debe, entonces, comprender que la vida familiar es una vida muy importante y hay que cultivarla al máximo. Por eso, aprenda a valorar a su cónyuge y a sus hijos. Aprenda a valorar la familia donde está. Cultive al máximo el amor de Dios. ¡Valore lo que tiene, no sea que lo pierda! ¡Es su familia, es su casa, es su esposo, es su esposa, un tesoro que Dios le dio! Déle gracias a Dios por ese tesoro. Cultive lo que tiene, no lo destruya. ¡Vamos, defienda su hogar! Su hogar es sagrado, es como un santuario.
Revísese usted y pregúntese: ¿Cómo está su hogar? ¿Cómo es su actuación en casa? ¿Cómo está contribuyendo al amor en su familia o, más bien, es usted un elemento que está destruyendo la vida familiar? Comprenda que su misión es muy importante. Haga un esfuerzo para cambiar. ¡Sí, salve su familia, salve su hogar! Necesitamos que su familia sea maravillosa y no se olvide que con Dios se puede. ¡CON DIOS, LA FAMILIA ES INVENCIBLE!


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