Posteado por: jarmandolopez | noviembre 20, 2010

Las referencias internas y externas de la conciencia

En la noción de conciencia está aludido un saber acerca de lo que pasa en el
mundo en que vivimos y al mismo tiempo una capacidad de referirnos a este
mismo saber para ubicarlo, revisarlo y ajustarlo en relación con la experiencia
continuada. La obtención de una perspectiva sobre nuestros propios
pensamientos tiene una dimensión intersubjetiva, que se documenta ya en el
hecho de que se realiza por medio de un lenguaje adquirido en común, y una
dimensión temporal marcada en forma elemental por la necesaria inserción de
todo acto cognoscitivo en lo que ya venimos sabiendo por una parte, y por su
proyección en vista de la continuación de la actividad exploradora por otra.
En el lenguaje husserliano se distingue una intencionalidad transcendente, en
la cual la conciencia atiende objetos y situaciones que constituyen una alteridad
con respecto a ella misma, y una intencionalidad longitudinal en la cual nos
relacionamos con nuestras propias actividades pasadas y encaramos actos
posibles futuros. Al cruzarse la idea de una intencionalidad longitudinal con la idea
de una posible reducción de la conciencia del mundo a una esfera inmanente en la
conciencia misma, que se expresa en la formula de una transcendencia
inmanente, ha surgido una amplia discusión (Paul Ricoeur: Temps et récit, Vo.III y
Rudolf Bernet: La vie du sujet) que ha arrojado suficiente claridad acerca de la
imposibilidad de concebir una conciencia temporal interior con independencia de
los condicionamientos que se derivan de la necesidad de coordinar nuestra
actividad cognoscitiva con el flujo y con el ritmo del acontecer mundano.
En los planteamientos de Ser Y Tiempo y en los cursos de Marburgo de
Heidegger se procede de antemano a situar la comprensión humana en su
despliegue en el mundo, manteniendo la distinción entre la descripción en
términos de la existencia propia marcada por la tensión entre ser ya y anticiparse a
sí mismo, y la descripción ( y comprensión consiguiente) en términos de nuestra
inserción en el tiempo intramundano. Al considerar este último aspecto de la
temporalidad como impropio y derivado, Heidegger se expone a críticas análogas
a las que se ve expuesto Husserl. Estas críticas abren el paso a una comprensión
más adecuada de la constitución temporal de la conciencia como conciencia
mundana.


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