Posteado por: jarmandolopez | noviembre 20, 2010

Filosofía y filosofar

Ante la imposibilidad de definir lo que es filosofía, describirla suficientemen-te, o establecer satisfactoriamente en qué consiste su quehacer, es necesaria una reflexión continua sobre lo que ha de consistir la formación del filósofo.
Pienso, en tal sentido, primero, que la indeterminación de lo que sea filosofía impide centrar la formación filosófica en aspectos metodológicos, o en proce-dimientos lógicos u operacionales comunes y predeterminados, o en recuen-tos históricos.
En segundo lugar, puesto que la referida indeterminación exige admitir que filosofía es, en última instancia, lo que hacen los filósofos en cada caso, pa-reciera entonces que el aprendizaje de su quehacer debe vincularse estre-chamente con el quehacer de quien lo ejerce plenamente. Sugiero, en conse-cuencia, centrar preponderantemente —en tiempo y esfuerzo— la formación en un estudio exhaustivo de uno o varios, pero siempre pocos, filósofos re-conocidos.
En tercer lugar, propongo que este estudio se realice desde la perspectiva de una relación análoga a la que existe entre maestro y aprendiz. Valga decir, una en la que éste intenta aprender el oficio conviviendo intelectualmente con quien es maestro en su oficio, guiado por el propósito de convertirse él mismo, de ser posible y contar con el talento y capacidad requeridos, en un maestro. Tal “conversión” exige por parte de quien se forma comprender en toda su extensión y complejidad la obra e intención del maestro: la reflexión continua en torno a los problemas y dificultades con los que se enfrenta, sus motivaciones en el contexto de su tiempo y cultura, las causas y justificacio-nes de sus posiciones en el marco de otras alternativas posibles a su alcan-
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ce, y así sucesivamente. Se trata, por lo tanto, de comprender un quehacer asumido como ejemplar y no de apropiarse o imitar conocimientos o doctri-nas, todo lo ilustres o importantes que puedan ser. Es decir, seguir al maes-tro con el propósito de hacerse de un quehacer propio y regido por las pro-pias circunstancias. En fin, ser discípulo con el fin de dejar de serlo.
Por último analizaré las dificultades, riesgos y posibilidades involucradas en esta propuesta.


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