Posteado por: jarmandolopez | noviembre 20, 2010

DE LA FUERZA DE LOS ARGUMENTOS

DE LA FUERZA DE LOS ARGUMENTOS

La noción de fuerza de un argumento es probablemente la noción más
característica del estudio de la argumentación, en oposición a la lógica formal
deductiva. La noción de fuerza aparece tan pronto como se trasciende el
ámbito de la argumentación deductiva y con él el de un concepto cualitativo de
corrección argumental. Los argumentos deductivos son correctos e incorrectos,
pero los argumentos inductivos y abductivos son más o menos correctos, más
o menos fuertes o débiles. Para evaluar argumentos de esos tipos se precisa
un concepto comparativo de corrección, y el concepto de fuerza de un
argumento viene a responder a esta demanda.
Antes de abordar el estudio de la noción de fuerza argumentativa,
repasemos las características de la corrección de los argumentos deductivos.
Podemos aproximarnos a la corrección deductiva partiendo de la teoría
abstracta de la consecuencia de Tarski (1930, 1930a). Una relación entre
conjuntos de enunciados X,Y, Z,… y enunciados A,B,C,… es una relación de
consecuencia si y sólo si satisface las siguientes condiciones2:
• Reflexividad. X⊢C si C pertenece al conjunto X.
• Monotonía. Si X⊢C y X ⊆ Y, entonces Y⊢C.
• Transitividad. Si X⊢A1, …, X⊢An y A1, …, An⊢C entonces X⊢C.
Una relación de consecuencia es finitaria si cumple además la condición:
• Si X⊢C entonces hay un subconjunto finito Y de X tal que Y⊢C.
1 Este ensayo surge de la discusión que tuvo lugar con motivo de la defensa de la tesis
de fin de máster de Corina Yoris (2009).
2 Léase “X⊢C” como “C es deduce de X” o “C es una consecuencia deductiva de X”.
2
Finalmente, una relación de consecuencia es estructural o lógica si cumple la
condición adicional (enunciada aquí de forma deliberadamente vaga):
• Todo argumento que tenga la misma forma o estructura lógica que un
argumento correcto es correcto.
Una relación de consecuencia que cumple todas estas condiciones es una
relación de consecuencia estándar.
Muchas de las caracterizaciones contemporáneas del “razonamiento de
sentido común” hacen referencia a alguna de estas características. Así, las
lógicas no-monótonas o del razonamiento revisable (cfr. Alchourrón et al.,
2005) delimitan su campo frente a la lógica deductiva apelando al fallo de la
segunda de las condiciones de Tarski. Otra condición a la que se suele apelar
con el mismo propósito es la quinta, que establece que la corrección lógica es
formal. Toulmin, por ejemplo, aboga en Los usos de la argumentación por una
noción de validez procedimental y no formal.
… todos los cánones o estándares empleados para criticar y evaluar
argumentos dependen en la práctica del campo, mientras que todos los
términos de evaluación son invariables respecto al campo en lo que se
refiere a su fuerza (60-61).
Si la corrección de un argumento depende de su forma (lógica) y esta puede
reconocerse sin necesidad de compararlo con otros argumentos, cada
argumento puede evaluarse de forma autónoma, y es, por así decir, correcto o
incorrecto por sí mismo. Por el contrario, en el contexto de una lógica no
monótona, la corrección de un argumento no puede establecerse sin tener en
cuenta otros argumentos concurrentes. Si C se sigue de X pero no de X y A, el
primer argumento autoriza a extraer la conclusión C, dado X y en ausencia de
A. No se trata tanto de que el argumento de X a C sea incorrecto, como de que
el argumento es débil si hay alguna razón para considerar A.3
3 Una lógica no monótona puede ser formal en un sentido riguroso y distinto del
expresado por el postulado de estructuralidad: para cualesquiera argumentos α, β, α‘ y
3
CONCEPTOS DE FUERZA ARGUMENTATIVA
Una primera división entre los distintos conceptos de fuerza argumentativa
opone aquellos que la hacen depender, inter alia, de la aceptabilidad de las
premisas a aquellos que no lo hacen. Perelman y Olbrechts-Tyteca en su
Tratado de la argumentación, §.97, incluyen entre los factores que determinan
la fuerza de un argumento la adhesión que el auditorio presta a sus premisas, y
Pollock (‘Defeasible reasoning with variable degrees of justification II”) incluye
el grado de justificación de las premisas entre los factores determinantes de la
fuerza de una argumento. Anscombre y Ducrot, por su parte, en La
argumentación en la lengua, pág. 51, ofrecen la siguiente definición de la
fuerza argumentativa:
Un argumento A es más fuerte que un argumento B si y sólo si (1) en
cualquier circunstancia y sea cual sea la conclusión C, si se usa B en
favor de C, se debe considerar utilizable A para esa misma conclusión;
(2) hay circunstancias en las que puede usarse A para una determinada
conclusión C, sin considerar por ello que B es utilizable para C.
Esta definición excluye el grado de justificación de las premisas, porque si fuera
un factor pertinente, dos argumentos con premisas distintas serían
incomparables, puesto que esa diferencia determinaría distintas circunstancias
de usabilidad. En una situación en la que se tuviera por falsa una las premisas
propias de A, sin que sucediera lo mismo con las premisas de B, se podría usar
B pero no A. Finalmente, Toulmin parece situarse en ésta misma línea, puesto
que los cualificadores son palabras o frases que “indican la fuerza conferida por
la garantía en el paso adoptado” (Op.cit., pág. 137); o “Las garantías son de
diferentes clases, por lo que confieren diversos grados de fuerza a las
conclusiones que justifican” (Ibid., 136-137).
Es conveniente reservar el nombre “fuerza argumentativa” para referirse
exclusivamente al vínculo entre las premisas y la conclusión (o entre las
β’, si β ≤ α, α tiene la misma forma que α’, y β tiene la misma forma que β’, entonces β
≤ α’ .
4
razones y las tesis, empleando una terminología quizá más afortunada).
Hacerlo así aproxima la noción de argumento fuerte a la de argumento correcto
o deductivamente válido, y facilita la comparación de una y otra.4 En lógica
formal se distingue entre los argumentos correctos y los sólidos o concluyentes,
entendiendo por argumento sólido o concluyente aquél que es correcto y tiene
premisas verdaderas. Del mismo modo, podría distinguirse entre la fuerza de
un argumento y la fuerza conclusiva de un argumento5, entendiendo que en la
fuerza conclusiva de un argumento intervienen tanto su fuerza como el grado
de justificación de sus premisas.
Creo además que la distinción anterior es necesaria para dar cuenta del
comportamiento de los hablantes. En La argumentación en la lengua
Anscombre y Ducrot analizan la locución “A pero B” como sigue6:
(1) A está orientado a una conclusión C,
(2) B está orientado a la conclusión opuesta no C, y
(3) B se considera más fuerte que A con respecto a la tesis C.
Un presupuesto del uso de esa locución en el que no siempre se repara es que
A y B son aceptables, o por lo menos compatibles. Parece que quien afirma “A
pero B” acepta o considera plausibles tanto A como B. “Llueve” puede ser una
razón para no salir de casa y “No llueve” una razón para salir; sin embargo no
diríamos “llueve pero no llueve”. Parece entonces que la aceptabilidad de las
premisas es evaluada de forma previa a la fuerza de los argumentos.
Otro modo de clasificar los distintos conceptos de fuerza argumentativa
atiende a los términos empleados en su definición. Desde este punto de vista
pueden distinguirse los enfoques retóricos (adhesión de la audiencia), de los
4 La corrección deductiva aparece entonces, bajo ciertos supuestos adicionales, como un
caso límite de la fuerza argumentativa.
5 Tomo la expresión “fuerza conclusiva” de Vreeswijk, ‘Abstract argumentation
systems”, Artificial Intelligence 90, 1997.
6 Hablar así del análisis de “pero” E de Anscombre y Ducrot es una simplificación
justificada solo a efectos expositivos; Ducrot distingue entre un “pero” anti-implicativo
y un “pero” compensatorio; Adam entre un “pero” de refutación y un “pero” de
argumentación, etc.
5
pragmáticos (usabilidad de un argumento), epistémicos (grado de justificación)
normativos (racionalidad), etc. También puede tomarse la fuerza argumentativa
como una noción primitiva, como hace entre otros Dung (1995).
LA FUERZA Y LA ESTRUCTURA DE LOS ARGUMENTOS.
Para intentar precisar y sistematizar la noción de fuerza argumentativa me
guiaré por la estructura de los argumentos, adoptando por tanto un enfoque
lógico, y no retórico o dialéctico. El resultado de ese proceder vendría a ser
algo similar al “cálculo fundamentado principalmente en operadores y reglas
distintos de los de la lógica” por cuya posibilidad abogaban Anscombre y
Ducrot. Aclaro a este respecto que una argumentación no solo puede tener la
forma “A luego C”, sino también otras menos obvias para alguien formado en la
tradicicón lógica contemporánea, como “A pero B” o “A y además B”.
COMPARANDO LA FUERZA DE LOS ARGUMENTOS OPUESTOS
La noción de fuerza argumentativa parece especialmente aplicable a
pares de argumentos que sustentan conclusiones contrarias o contradictorias.
Recuérdese a este respecto el análisis de “pero” de Anscombre y Ducrot antes
citado. Asumiendo pues que sus premisas son simultáneamente aceptables,
parece que un argumento A es más fuerte que un argumento opuesto B si
cuando se consideran conjuntamente, el segundo impone su conclusión al
primero. Si se escribe “AB” para indicar que A y B sustentan una misma
conclusión, “A⊖B” para indicar que sustentan conclusiones opuestas, y (A,B)
para la combinación de A y B, se puede formular la observación anterior como
un principio:
– Si A⊖B y (A,B)A entonces B<A, o
– Si A⊖B y (A,B)⊖B entonces B<A.
6
Obsérvese que si A y B fueran inconsistentes, considerados conjuntamente
sustentarían sus conclusiones en la misma medida (ex contradictione
quodlibet) y por tanto ninguno de ellos sería más fuerte que el otro.
La comparación de argumentos que sustentan conclusiones contrarias o
contradictorias no es el único caso de oposición entre argumentos. Si un
argumento A sustenta una conclusión no-B y B es una razón para C, puede
decirse que A y B son, de algún modo, opuestos. Sin embargo en un caso
como el descrito no se compararían las fuerzas de A y de B para ver si se
puede extraer alguna conclusión, siquiera provisional, de su consideración
conjunta. En ausencia de una razón más fuerte que A para B, el segundo
argumento parece fuera de lugar. Esto reafirma la tesis de que allí donde se
discute de la verdad de las premisas de un argumento, no procede la
comparación de su fuerza.7
Si, siguiendo la tradición de la lógica formal, la aserción de un enunciado
es una especie de argumento8, aún habría que considerar otra forma de
oposición entre argumentos, ilustrada por el conector “sin embargo”.
A y sin embargo B: (1) A y B son (tenidos por) verdaderos,
(2) A sustenta la conclusión no B.
En general, “A y sin embargo B” puede parafrasearse como “A y sin embargo
sabemos que B”; dicho de otro modo, en esa frase A tiene el status de una
razón y B el de un hecho.
Más adelante se describe una cuarta variedad de oposición entre
argumentos que involucra dos argumentos abductivos.
7 Se puede traer a colación aquí la distinción de Pollock entre recusación (undercuting
defeater) y refutación (rebutting defeater). Una refutación da una razón para negar una
tesis; una recusación ataca la conexión entre las razones y la tesis. La distinción de
Pollock recuerda y complementa a la que establece Aristóteles en los Primeros
Analíticos entre la objeción (enstasis) y la contra-argumentación.
8 Verheij (1994) explica la naturaleza de tales argumentos diciendo que representan los
casos en los que “se propone un enunciado sin ninguna razón que los sustente”.
7
¿Qué sucede cuando se comparan dos argumentos A⊖B sin que
ninguno de ellos sea más fuerte que el otro? Cuando ninguno de los dos
argumentos es más fuerte que el otro, puede deberse bien a que tengan la
misma fuerza, bien a que sus fuerzas sean incomparables. Adaptando una
distinción al uso en el campo de las lógicas no monótonas, se pueden distinguir
dos actitudes:
a) razonamiento crédulo: en la situación descrita puede mantenerse tanto
la conclusión de A como la de B;
b) razonamiento escéptico: en la situación descrita hay que suspender el
juicio.
Podrían recomendarse actitudes diferentes según se trate de argumentos
incomparables o con la misma fuerza, recomendando la credulidad en uno de
ellos y el escepticismo en el otro. Por otra parte, resulta plausible recomendar
la credulidad en los razonamientos prácticos y el escepticismo en los teóricos.
En todo caso, hay una cuestión previa: ¿Hay alguna diferencia práctica
apreciable entre tener la misma fuerza y tener fuerzas incomparables?
COMPARANDO LA FUERZA DE LOS ARGUMENTOS COORIENTADOS
Se dice que dos argumentos están coorientados cuando sustentan la misma
conclusión; es decir, si A⊕B. Si el conector argumentativo ‘pero’ estructura la
comparación de la fuerza de los argumentos opuestos, ‘además’ e ‘incluso’
hacen lo propio con la fuerza de los argumentos coorientados. La frase ‘A y
además B’ presenta a B como un argumento más fuerte que A para una
conclusión común C, como también hace ‘incluso’. No obstante, en ocasiones
el alcance de ‘además’ es la totalidad de los contenidos semánticos de A y de
B; cuando así sucede ‘además’ es reemplazable por ‘y’ pero no por ‘incluso’.
Se pueden ilustrar esos usos con dos ejemplos de Anscombre y Ducrot.
• María sabe alemán e incluso sánscrito.
• Ese hombre es afortunado: es rico y además tiene muchos amigos.
8
En el primer caso saber sánscrito se presenta como una razón más fuerte que
saber alemán para concluir que María es sabia, mientras que en el segundo
tener muchos amigos se presenta como una razón que refuerza a la riqueza
para concluir que ese hombre es afortunado. El análisis correspondiente al
primer caso es el siguiente.
A e incluso B: (1) A y B son (tenidos por) verdaderos,
(2) A sustenta una conclusión C,
(3) B sustenta una conclusión C,
(4) A es suficiente, en el contexto, para concluir C,
(5) B es más fuerte que A con respecto a la conclusión C.
Mientras que el análisis del segundo caso sería como sigue.
A y además B: (1) A y B son (tenidos por) verdaderos,
(2) A sustenta una conclusión C,
(3) B sustenta una conclusión C,
(4) A es insuficiente, en el contexto, para concluir C,
(5) A y B son, en el contexto y tomados conjuntamente,
suficientes para concluir C.
Estos análisis remiten a las variedades de la argumentación coorientada.
Aunque no faltan quienes encuentran la distinción impracticable9, suele
distinguirse entre argumentación coordinada y argumentación convergente. La
distinción se debe a Stephen Thomas, quien escribe:
“Si cada razón fuera por sí misma suficiente, en caso de ser verdadera,
para sustentar la conclusión, y si la falsedad de una de las razones no
debilitara el paso de otra de las razones a la conclusión, el razonamiento
podría representarse como convergente. Pero si la falsedad de una
razón debilitara el paso de otra(s) a la conclusión, entonces agrupa esa
razón con las otras en el diagrama” (1988, p. 62).
Alec Fisher da una segunda caracterización:
9 Por ejemplo D.A. Conway, 1991.
9
“Si se ofrecen varias razones a favor de una conclusión, hay dos
posibilidades: esas razones pueden presentarse como un apoyo
conjunto a la conclusión (tomadas conjuntamente sustentan la
conclusión pero cada una de ellas por separado no lo hace) o pueden
presentarse como justificaciones independientes de ella (de modo que si
se acepta una de esas razones el autor espera que se acepte la
conclusión)”. (1988, p. 19).
Tanto si se trata de una argumentación coordinada como de una
argumentación convergente, es una argumentación A integrada por varios
argumentos Ai, 1≤ i ≤ n, que comparten una misma conclusión C, que es
también la conclusión de la argumentación A. Por tanto la argumentación
coordinada ha de distinguirse de la inferencia a partir de múltiples premisas. En
una inferencia semejante las premisas proporcionan de forma conjunta una
razón para la conclusión C, y la eliminación de una de las premisas da como
resultado, no un argumento más débil, sino un no-argumento. A partir de los
enunciados “Si Abel hubiera venido, le habría visto” y “No he visto a Abel”
puede inferirse “Abel no ha venido”; pero si omitimos alguno de los dos
primeros enunciados, no hay argumento alguno.
La posibilidad de insertar ciertos conectores argumentativos (además,
por otra parte, etc.) suministra un criterio para distinguir entre una
argumentación coorientada y una inferencia con múltiples premisas. Un
conector argumentativo une, no dos enunciados, sino dos razones. Por eso una
frase como “Si Abel no hubiera venido, le habría visto, y además no le he visto”
es extraña, evidenciando que se trata de una inferencia y no de una
argumentación coorientada. No sucede lo mismo con “Abel no ha venido: no le
he visto y además creo que tenía cita con el médico”, puesto que aquí “no le he
visto” y “creo que tenía cita con el médico” proporcionan dos argumentos para
la conclusión “Abel no ha venido”.
10
Volviendo a las variedades de la argumentación coorientada, a veces se
dice que una argumentación coordinada A es una razón más fuerte para C que
cualquiera de los Ai que la integran, mientras que una argumentación
convergente A es tan fuerte con respecto a C como el más fuerte de los
argumentos que la integran.
La comparación de la fuerza de argumentos coorientados puede
definirse en términos de la comparación de argumentos antiorientados:
Si AB, A<B syss (1) para todo argumento C, si A⊖C y B<C entonces
A<C, y (2) existe un argumento C, A⊖C, A<C y B≮C.10
¿Cuál puede ser la justificación para ofrecer varios argumentos distintos para
una misma conclusión? En primer lugar la justificación puede tener que ver con
las premisas de los argumentos considerados, y por tanto con la fuerza
conclusiva más que con la fuerza argumentativa.11 Un argumento A será
concluyente, entre otras cosas, si sus premisas son aceptadas. Sea A una
argumentación integrada por una colección de argumentos coorientados A1,…,
An con premisas mutuamente independientes. Si se mostrara que alguna de las
premisas de Ai es falsa o dudosa, ese argumento dejaría de ser utilizable, pero
no la argumentación A, puesto que esa recusación no afectaría a los demás
argumentos que la integran. El caso descrito parece pues una argumentación
convergente. Sin embargo sería abusivo concluir que A es tan fuerte como el
más fuerte de los argumentos que la integran. Para poder afirmarlo sería
preciso que las fuerzas de los Ai fueran comparables dos a dos, algo que
puede no suceder. Lo que sí se sigue es que la argumentación A es al menos
tan fuerte como cualquiera de los argumentos Ai que la integran. En efecto, A
puede ser vista como una disyunción de argumentos, de modo que para refutar
10 La cláusula (2) podría reformularse, de forma más exigente, así: existe un argumento
C, A⊖C, A<C y B≤C.
11 Eso es lo que parece que quiere decir Tutescu (2002) cuando refiriéndose a la frase
“A d’ailleurs B” señala que A ha de ser argumentativamente independiente de B, o que
A ha de ser semántica y lógicamente independiente de B.
11
A es preciso refutar cada uno de los argumentos que la integran. En tal caso,
para todo argumento C, si A⊖C y A<C entonces Ai <C.
En segundo lugar, el análisis del caso precedente muestra que las
razones para ofrecer varios argumentos para apoyar la misma conclusión
pueden tener que ver con la suficiencia de la argumentación desplegada.
Supóngase ahora que existieran dos argumentos B1 y B2 antiorientados con
respecto a A, de los que B1 es más fuerte que cada uno de los A1,…,An-1, pero
no que An , y B2 es más fuerte que este último pero no que los anteriores. Si A
parece una disyunción de argumentos, la contra-argumentación B = (B1, B2)
parece una conjunción de argumentos. En efecto, B1 y B2 por separado son
insuficientes para refutar la argumentación A, y han de tomarse conjuntamente
para lograrlo. Adviértase que aquí la disyunción y la conjunción no funcionan
como conectivas sentenciales, sino como conectivas argumentativas; su
función no es integrar dos enunciados en un único enunciado, sino integrar dos
argumentos en una argumentación única. Así, una argumentación coordinada
aparece como una conjunción de argumentos y una argumentación
convergente como una disyunción de argumentos.
UN CASO DE ARGUMENTACIÓN COORIENTADA
Tutescu (2002, cap.VII) propone el siguiente ejemplo de argumentación
coorientada:
Pablo lee libros de historia, artículos de ecología, literatura francesa, obras
de filosofía, ciencia ficción, e incluso novelas policíacas.
Según Tutescu los enunciados (e1) Pablo lee libros de historia, (e2) Pablo lee
artículos de ecología, (e3) Pablo lee literatura francesa, (e4) Pablo lee obras de
filosofía, (e5) Pablo lee ciencia ficción, y (e6) Pablo lee novelas policíacas,
comparten una misma orientación argumentativa; apuntan, por ejemplo, a la
conclusión “Pablo es un lector voraz”. La última de las razones enumeradas
está marcada con “e incluso”, indicando que esa razón es más fuerte que las
12
precedentes y suficiente por sí misma, en el contexto de la argumentación,
para establecer la conclusión propuesta.
Sin embargo es dudoso que (e6) sea por sí misma más fuerte que los
demás enunciados con respecto a la conclusión “Pablo es un lector voraz”.
Desde luego el hecho de que alguien lea novelas policíacas es insuficiente
para atribuirle la condición de lector voraz.
Una explicación alternativa es que los cuatro primeros enunciados
pueden interpretarse como razones a favor de una conclusión ligeramente
distinta: Pablo es un intelectual. El enunciado (e5) encaja peor con esa
conclusión, aunque es compatible con ella. Es la adición del último enunciado
la que inclina definitivamente la balanza a favor de la conclusión “Pablo es un
lector voraz”. De esta manera (e6) da su orientación definitiva al conjunto de
argumentos ofrecido.
Habría por tanto un primer argumento abductivo, que pretende que
Pablo es un intelectual es la mejor explicación disponible de los hechos
expresados por (e1)-(e4), y por tanto infiere de esos enunciados la conclusión
Pablo es un intelectual. Aunque (e6) es insuficiente por separado para concluir
que Pablo es un lector voraz, cuando se añade a los enunciados (e1)-(e4),
modifica la orientación argumentativa, que pasa a ser “Pablo es un lector
voraz”. De nuevo se trata de un argumento abductivo: la voracidad lectora de
Pablo sería la mejor explicación disponible de (e1)-(e6) (mejor que su condición
de intelectual).
Podría decirse entonces que (e6) es una razón dominante en el conjunto
{(e1),…,(e6)}, puesto que le impone su orientación argumentativa. Sin
embargo, estrictamente hablando, (e6) no es más fuerte que los enunciados
que le preceden, puesto que por sí mismo es insuficiente para establecer su
conclusión.
Obsérvese que las dos conclusiones consideradas no son incompatibles:
Pablo podría ser al mismo tiempo un intelectual y un lector voraz. La oposición
13
entre ambas proviene de ser un intelectual y ser un lector voraz son
explicaciones distintas de la conducta de Pablo. Podría decirse que Pablo es,
no un intelectual, sino un lector voraz. Aquí la incompatibilidad se da entre
argumentos antes que entre enunciados: o “Pablo es un intelectual” es la mejor
explicación disponible de los hechos o lo es “Pablo es un lector voraz”, y por
tanto no pueden aceptarse simultáneamente las dos abducciones
correspondientes.
EL PRINCIPIO DEL ESLABÓN MÁS DÉBIL
En una argumentación concatenada hay enunciados que funcionan como
conclusión de un argumento y como premisa de otro. El principio del eslabón
más débil se aplica a argumentaciones concatenadas y en alguna de sus
formulaciones implica que la fuerza de los argumentos define un orden total
sobre estos. Por ejemplo. “la fuerza de una argumentación concatenadas es
igual a la del más débil de los argumentos concatenados”. La objeción puede
evitarse diciendo que una argumentación concatenada es más débil que cada
una de las argumentaciones que la componen:
Sea A = A1+ …+ An una argumentación concatenada. Para todo i, 1≤ i≤
n, y todo argumento B, si Ai<B entonces A<B.
Incluso con una formulación más cuidadosa, el principio del eslabón más débil
presupone la comparación de argumentos con conclusiones dispares, ni
opuestas ni coincidentes. Sea A un argumento cuya conclusión c es una de las
premisas de un segundo argumento B que lleva a la conclusión c’. Las
premisas de la argumentación concatenada A+B son las premisas de A y las
premisas de B distintas de c, y su conclusión es c’. Considérese un argumento
C, antiorientado con A, A<C. C no invalida ni las premisas de A+B ni su
conclusión, pero si este es más débil que aquel, se sigue que A+B<C. La
conexión entre estos dos argumentos consiste en que las premisas del primero,
A, son un subconjunto de las premisas del segundo, A+B.
14
Una argumentación concatenada puede ser más débil que los
argumentos que la integran. A partir de las premisas “a es un P1” y “el 90% de
los Pn son Pn+1” se puede formar un encadenamiento de silogismos estadísticos
que arroja progresivamente conclusiones menos probables. Lo mismo sucede
si se reemplaza el porcentaje por adverbios como “muchos”, “la mayoría”, “casi
todos”, etc.
ARGUMENTACIÓN POR ANALOGÍA
El análisis de las argumentaciones por analogía sugiere que la pretensión
subyacente es que los argumentos análogos tienen una fuerza similar.
Recuérsdese que, según Toulmin, la fuerza de una inferencia es conferida por
su garantía, por lo que cabría pensar que las analogías funcionan
argumentativamente como garantes. Esto es, las garantías usadas en los
argumentos análogos son del mismo tipo.
Los argumentos análogos no tienen la misma forma, hablando con
propiedad, aunque puede decirse que están estructurados del mismo modo. En
una argumentación por analogía intervienen dos argumentos, la fuente y el
término. Cuando se trata de una analogía directa, se pretende que si el
argumento fuente es concluyente, también lo es el argumento término. Cuando
se trata de una contra-analogía, se pretende que puesto que el argumento
fuente no es concluyente, tampoco lo es el argumento término. La pretensión
es que el argumento término da razón de su conclusión del mismo modo que lo
hace el argumento fuente. El énfasis está por tanto en el nexo entre las
premisas y la conclusión, que sería semejante en los dos casos. Esto se
expresa en Marraud (2007) diciendo que en una (buena) argumentación por
analogía se opera una transferencia proporcional de la fuerza de los
argumentos. Woods y Hudak (1989) defienden una tesis similar cuando
escriben:
15
Los argumentos por analogía son argumentos por paridad de
razonamiento, por así decir. Son argumentos acerca de argumentos,
meta-argumentos. Alegan que dos o más argumentos objeto valen o
no conjuntamente y que es así porque están a la par en un respecto
relevante, porque poseen estructuras profundas semejantes por las
que coinciden en forma lógica (127).
El mecanismo que interviene en una argumentación por analogía puede
describirse empleando el concepto, un tanto vago, de campo argumentativo.12
Es frecuente comenzar el análisis de una argumentación de este tipo listando
en una tabla los componentes de la fuente y el término, situando en la misma
fila aquellos que se corresponden en virtud de la analogía. Las entradas de la
tabla proporcionan el vocabulario de la fuente y del término. Shelley (2004,
págs. 225-227) analiza la analogía del libro VI, 488b, de La República de
Platón. Platón propone una analogía entre una nave y el estado que, con las
debidas simplificaciones, puede enunciarse así: del mismo modo que una nave
necesita de un capitán que fije su rumbo, un estado necesita de un líder que fije
su política. Para analizar esta analogía se enumeran los componentes de la
fuente y el término estableciendo una correspondencia uno a uno entre ellos.
La analogía establece una correspondencia entre los componentes de la
misma fila.
Fuente: Nave Término: Estado
nave estado
capitán líder
rumbo política
tripulación ciudadanía
12 El concepto de campo argumentativo fue introducido por Toulmin en Los usos de la
argumentación: “se dice que dos argumentos pertenecen al mismo campo cuando los
datos y conclusiones de cada uno de ellos son, respectivamente, del mismo tipo lógico”
(pág.26). Toulmin argumenta que los criterios para la evaluación de argumentos
dependen del campo al que pertenezcan.
16
bienestar bienestar
necesita(nave, capitán) necesita(estado, líder)
fija(capitán, rumbo) fija(líder, política)
disfruta(tripulación,
bienestar)
disfrutan(ciudadanos,
bienestar)
porque(necesita, fijar) porque(necesita, fijar)
así que(fijar, bienestar) así que(fijar, bienestar)
Los componentes se agrupan en tres categorías: objetos (en la fuente son
nave, capitán, rumbo, tripulación y bienestar, y en el término estado, líder,
política, ciudadanía y bienestar), relaciones entre esos objetos (necesitar, fijar y
disfrutar) y relaciones entre relaciones, de orden superior (porque, así que). La
analogía se centra en las dos últimas categorías y no requiere que los objetos
emparejados tengan una descripción común (una nave no se parece a un
estado): “las analogías exigen relaciones comunes pero no descripciones de
objetos comunes” (Gentner y Markman 1997, pág. 47).
Usando el vocabulario recogido en la tabla pueden construirse diversos
argumentos; por ejemplo: del mismo modo que la tripulación ha de obedecer al
capitán, los ciudadanos han de obedecer al líder, etc. El conjunto de esos
argumentos forma el campo del argumento desplegado. La pretensión de quien
usa un argumento por analogía es que los campos de los argumentos
emparejados están estructurados del mismo modo, de manera que si existe
una objeción o un contraargumento al argumento fuente, también existe,
mutatis mutandis, una objeción o un contraargumento al argumento término.
Se acepta comúnmente que una analogía más completa es preferible a
una analogía menos completa o más parcial, pero naturalmente hay que
17
precisar qué se entiende aquí por “completa”. Un barco –o por lo menos un
barco de madera- tiene que ser calafateado regularmente, tiene un armador,
etc. ¿Cuál es el calafateado del estado? ¿Quién es su armador? La ausencia
de análogos del calafateado o del armador no es, en principio, una debilidad
del argumento platónico del barco y el estado. Lo será únicamente si la
necesidad de un calafateado regular o la existencia de un armador son
argumentativamente pertinentes para la autoridad del capitán. Una buena
analogía debe tener en cuenta las semejanzas y las diferencias
argumentativamente pertinentes para la cuestión tratada.
CONCLUSIÓN
Existe un amplio consenso en que un buen argumento, desde un punto de vista
lógico-informal, es aquél que es aceptable, suficiente y pertinente. El primer
requisito se refiere a las premisas, el segundo a la fuerza del argumento y el
tercero al modo en que el argumento encaja en la argumentación en la que se
inscribe. La práctica argumentativa muestra que esos tres requisitos se evalúan
por separado y de forma secuencial: aceptabilidad-pertinencia-suficiencia.
En esta charla he tratado pues de la suficiencia de los argumentos. Un
argumento es suficiente si tiene la fuerza requerida para sustentar su
conclusión. He dado razones para entender la fuerza como un concepto
comparativo y contextual: la fuerza de un argumento se determina sobre el
trasfondo de un conjunto de argumentos concurrentes (antiorientados,
coorientados y análogos).
El curso de la exposición ha dejado claro, espero, que la estructura
argumentativa es más compleja que la estructura del texto argumentativo. La
estructura del texto argumentativo está integrada por enunciados relacionados
entre sí, mientras que la estructura de la argumentación está formada por
enunciados y argumentos relacionados entre sí.
Los conectores argumentativos desempeñan un papel clave en la
descripción y análisis de la estructura de la argumentación. La semejanza,
pese a todo, de los conectores argumentativos con los conectores sentenciales
18
me lleva a proponer la hipótesis de que unos y otros configuran estructuras
análogas: conjunción de enunciados-conjunción de argumentos, disyunción de
enunciados-disyunción de argumentos, negación sentencial-negación
argumentativa, garante-analogía, etc.
Ese paralelismo exige permitir que los argumentos desempeñen roles
como razón, conclusión o garantía, tradicionalmente reservados a los
enunciados.13 Hay varias razones para liberalizar el papel de los argumentos;
entre otras: permite una mejor comprensión del funcionamiento del
razonamiento analógico, los distintos tipos de contraragumentación y de
argumentación coordinada, y la naturaleza del razonamiento hipotético o
suposicional.
REFERENCIAS
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Perelman, Ch. y Olbrechts-Tyteca, L.: Tratado de la argumentación, Madrid,
Gredos, 1989 (original francés de 1958).
13 Para una argumentación más detallada véase mi “Reasons, Premises and the Structure
of Arguments”, en proceso de evaluación en Informal Logic.
19
Pollock, J.L. (2002): ‘Defeasible reasoning with variable degrees of justification
II’. Inédito, 2002. Es una versión ampliada de ‘Defeasible reasoning with
variable degrees of justification’, Artificial Intelligence 133, págs. 233-282, 2001.
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