Posteado por: jarmandolopez | octubre 20, 2010

Hombre Oculto – Capítulo VIII

Archibald Somers era exactamente como Jensen se había
imaginado. Rondaba la cincuentena, y parecía un presentador
de programas de deportes. Pelo canoso y lacio peinado hacia
atrás, pantalones grises bien planchados y camisa blanca con
rayas de color café. Tenía una pistola en una funda de hombro
que colgaba en el lado derecho de su tórax, y estaba en bastante
buena forma para un hombre de su edad. No tenía la típica
(y antiestética) barriga cervecera, ni llevaba los pantalones
hasta los sobacos. Jensen pagaría por llegar a su edad en la
misma condición. Pero, por ahora, tenía treinta y tantos años
y gozaba de mejor forma física.
La oficina que ahora compartían estaba oculta en un corredor
oscuro del tercer piso de la comisaría. Las demás estancias
eran similares. Una era un armario de artículos de limpieza, otra
era una sala de primeros auxilios, y luego estaban los baños. Jensen
no sabía con exactitud cuál había sido el anterior uso de su
oficina. Tampoco quería saberlo. Desde luego, no había sido
nada glamuroso. Sin embargo, tenía cierto encanto: la puerta de
madera oscura barnizada y los escritorios de estilo antiguo le
daban más carácter que los cubículos separados por mamparas
de la oficina principal. Eran las paredes de color verde pálido
(como en las prisiones) lo que decepcionaba.
Somers llegó a la oficina al mediodía. Jensen ya se había
imaginado que el escritorio principal en el centro de la ofici-
56
na pertenecía a su compañero, de manera que se había adueñado
de la pequeña mesa en la esquina. Empezó a desempacar
sus pocas pertenencias.
—Tú debes de ser el detective Somers. Encantado de conocerte
—dijo Jensen, poniéndose en pie y tendiéndole la mano.
—Miles Jensen, ¿verdad? —respondió Somers sacudiendo
la mano con firmeza—. Eres mi nuevo compañero, ¿no?
—Así es. —Jensen sonrió. Hasta el momento, Somers no
parecía tan desagradable.
—Todos te han dicho que soy un imbécil, ¿cierto? —comentó
Somers, dirigiéndose a la silla de su escritorio.
—No lo niego.
—Aquí a nadie le gusto porque soy de la «vieja escuela».
A los otros tipos sólo les interesa su carrera y los ascensos. No
les conmueven las ancianas asaltadas por estafadores. Sólo desean
escuchar los casos que puedan archivarse con rapidez.
¿Sabías que esta ciudad tiene la tasa más alta de desaparecidos
del mundo civilizado?
Jensen le devolvió la sonrisa.
—Sí, pero no sabía que Santa Mondega era considerada
«civilizada».
—En eso te equivocas, amigo…
Jensen se recostó en la silla giratoria de su escritorio. Tuvo
la sensación de que iba a llevarse bien con Somers, aunque era
una primera impresión.
—Me han contado que estás obsesionado con encontrar a
Kid Bourbon. ¿Por qué eso hace que todos te odien?
Somers sonrió.
—Me odian porque quiero que me odien. Me parece indispensable
mandarlos a la mierda. Nadie quiso ayudarme con
los casos que no pudieran resolver en menos de una semana.
Por eso se cerró el de Kid Bourbon. Yo era el único que seguía
en él. Pero se las arreglaron para deshacerse de mí… Resulta
que los presupuestos no nos permitían seguir investigando
el caso cuando existía la posibilidad de que Kid Bourbon
ya estuviera muerto. Bueno…, seguro que ahora lo lamentan,
¿no? Le advertí al alcalde que volvería, pero escuchó a los demás
idiotas.
—¿Así que la culpa es del alcalde?
—No —negó Somers—, el alcalde es buena persona, pero
sus asesores deseaban que la historia de Kid Bourbon quedara
en el recuerdo. Olvidaron a todas las mujeres que ese bastardo
dejó viudas. Nunca se marchó. Ha estado matando a
gente todos los días de los últimos cinco años, pero sólo ahora
ha decidido dejarnos encontrar los cuerpos. Está planeando
otra masacre. Jensen, tú y yo somos los únicos que podemos
impedir que eso suceda.
—¿Sabes que no estoy aquí sólo por Kid Bourbon? —preguntó
Jensen, esperando no estar a punto de ofender a Somers,
quien sentía pasión por su trabajo.
—Sé por qué estás aquí… —Somers sonrió—. Crees que
en todo esto hay algo sobrenatural y que es probable que un
tipo de culto satánico esté detrás de esos asesinatos. No te mentiré:
me parece una estupidez, pero, mientras estés a mi lado,
y mientras tu investigación me ayude a demostrar que es Kid
Bourbon quien comete esos crímenes y no Jar Jar Binks, entonces
no tendremos problemas.
Tal vez Somers era un cínico, además de estar obsesionado
con la idea de que Kid Bourbon estaba detrás de casi todo,
pero no era tan imbécil como se lo habían pintado. Con un
poco de diplomacia, podría ganarse a ese policía. No parecía
faltarle motivación.
—¿Jar Jar? ¿Te gusta el cine?
—Me interesa vagamente…
—No pareces fan de La guerra de las galaxias.
Somers se atusó el pelo plateado y suspiró.
—Es que no lo soy. Prefiero algo que estimule mi mente,
además de mis ojos, y aprecio las buenas interpretaciones.
Actualmente, se escoge a la mitad de los actores por su
apariencia, no por su talento. Por eso, casi todos están acabados
cuando llegan a la treintena.
—Correcto… ¿Así que eres seguidor de Al Pacino y De
Niro?
Somers negó con la cabeza y suspiró.
—No… Ambos viven del glorioso cine de gánsters de las
décadas de los setenta y los ochenta.
—Bromeas, ¿verdad?
—No, prefiero mil veces a Jack Nicholson. Es un tipo que
puede actuar en cualquier película. Pero, Jensen, si en verdad
quieres impresionarme con tus conocimientos de cine, entonces
responde a lo siguiente. —Somers arqueó una ceja como
lo haría Nicholson—. Directores: los hermanos Scott. ¿Ridley
o Tony?
—Está claro. Me quedo con Tony. —Jensen no dudó—.
Ridley lo hizo bien en Blade Runner y Alien, pero Enemigo
público y Marea roja no deben desecharse a la ligera. Son buenas
películas, e inteligentes.
—Donde el héroe era negro, ¿eh? —Somers pensó, equivocadamente,
que estaba tocando una fibra.
—Cierto, pero no por eso me gustan. Tony también dirigió
Amor a quemarropa, que es una buena película sin héroe
negro.
—Bastante justo… —Somers suspiró—. De todos modos,
tengo que estar del lado de Ridley por el hecho de que Tony
fue responsable de esa idiotez de película de horror, The Hunger.
Tal vez la peor película de vampiros que he visto.
—Muy bien, así que no es Jóvenes ocultos.
—No, no lo es —dijo Somers. Cansado de la discusión,
continuó—: Intentemos ponernos de acuerdo y entonces le
podrás decir a todos que somos pareja. Aquí está una fácil:
¿Robert Redford o Fredie Prinze Junior?
—Redford.
—Gracias. Ahora que hemos encontrado algo en común,
hagamos un trato…
—¿Un trato? ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que aceptaré todas tus teorías sobrenaturales
y te ayudaré con lo que pueda, pero debes hacer lo mismo
por mí. Aceptarás mi teoría sobre Kid Bourbon y nos tomaremos
en serio el uno al otro. Dios lo sabe, nadie en el
departamento de policía va a hacerlo.
—De acuerdo, detective Somers.
—Bien. ¿Quieres ver lo que Kid Bourbon hizo a esas cinco
víctimas nuevas?
—Adelante —asintió Miles.
Somers abrió el cajón del escritorio a su izquierda y sacó
una carpeta de plástico transparente. La abrió de golpe y arrojó
varias fotografías en el escritorio. Jensen se levantó de su
asiento, tomó la primera imagen brillante y la estudió atentamente.
Se quedó consternado. No estaba seguro de poder
creer lo que estaba viendo. Entonces miró las otras fotos sobre
el escritorio. Después de examinarlas todas durante varios
segundos, devolvió la mirada a Somers, que asentía con la cabeza.
Aquéllas eran las imágenes más espantosas que había visto
en su vida.
—¿Es esto real? —susurró.
—Lo sé… —dijo Somers—. ¿Qué tipo de demente podría
hacer eso a un ser humano?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: